Sabiduría Evangélica
viernes, 25 de marzo de 2022
Génesis 21. La Biblia y la Risa.
Génesis 20. Mirando a la mujer ajena.
Génesis 20. Mirando la mujer ajena.
miércoles, 23 de marzo de 2022
Génesis 19: Titubeando ante Dios.
GÉNESIS 19. TITUBEANDO ANTE DIOS.
Dios decide destruir Sodoma y Gomorra por su gran maldad y perversión, ni siquiera diez justos había ahí.
viernes, 18 de marzo de 2022
Comentarios en Proverbios 13:2, traducidos del inglés.
Proverbios 13:2
Del fruto de su boca el hombre comerá el bien, pero el deseo de los pérfidos es la violencia. (LBLA)
Quien habla el bien, del bien se nutre, pero el infiel padece hambre de violencia. (NVI)
Del fruto de su boca el hombre comerá el bien; Mas el alma de los prevaricadores hallará el mal. (RVR60)
BRIDGEWAY BIBLE COMMENTARY
El consejo paterno es uno de los beneficios de la vida. Aquellos que habitualmente lo ignoran desarrollarán un rechazo a todas las opiniones excepto las suyas. Las buenas palabras traen una recompensa, pero las palabras traicioneras pueden resultar en violencia. La disciplina en la conversación es necesaria, porque las palabras precipitadas conducen al desastre.
COFFMAN COMMENTARIES ON THE BIBLE
Las buenas personas son recompensadas por las cosas buenas que dicen, pero las personas malas siempre quieren hacer el mal. Las buenas personas serán recompensadas por lo que dicen, pero aquellos que son engañosos, están hambrientos de violencia.
BARNES' NOTES ON THE BIBLE
El fruto de su boca - La palabra correctamente usada es buena en sí misma, y por lo tanto, dará buen fruto.
GILL'S EXPOSITION OF THE WHOLE BIBLE
Un hombre comerá según el fruto de [su] boca - o, "de la boca"; ya sea la de otro o la suya, ya que la palabra "su" no está en el texto, aunque es suplida por la versión Tárgum, Aben Ezra, Latin Vulgata y las versiones Siriacas, como por nosotros. La Septuaginta y la Árabe dicen: "comerán de los frutos de la justicia". Yo elegiría traducir el todo de la siguiente manera: "un buen hombre, comerá del fruto de su boca": así Aben Ezra lo interpreta: "un buen hombre comerá"; y así las versiones Septuaginta, Siríaca y Árabe lo traducen. El sentido es que un buen hombre saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón por medio de su boca; que no sólo ministra gracia a sus oyentes, y sirven para la edificación de otros, sino que también para sí mismo; mientras da consejo sano a los demás, es de servicio para sí mismo; mientras que consuela a otros, se consuela a él también; mientras que instruye y enseña a otros, se enseña y se instruye a sí mismo; así, un buen ministro de Jesucristo, mientras alimenta a otros con conocimientos y entendimiento, él mismo es nutrido con las palabras de fe y buena doctrina.
HENRY'S COMPLETE COMMENTARY ON THE BIBLE
Si aquello que viene de adentro, de nuestro corazón, es bueno, y de un buen tesoro, volverá con creces. El confort y la satisfacción serán nuestro pan cotidiano; aún más, será un continuo festín para aquellos que se deleitan en aquella comunicación que es de uso para la edificación.
viernes, 1 de febrero de 2019
¡Cree!
Puedo imaginar a algunos de ustedes diciendo, "quisiera, pero no tengo el tipo correcto de fe". ¿Qué tipo de fe deseas?
La idea de que desear un tipo de fe diferente es completamente errónea.
Usa la fe que tengas; simplemente cree en el Señor Jesucristo. No sólo eso, sino que no puedes dar ni una razón para no creer.
Si un hombre me dijera que no puede creerme a mí, yo tendría el derecho de preguntarle por qué no puede creer en mí.
Tendría el derecho de preguntarle si alguna vez rompí mi palabra. Y si no rompí mi palabra, el debería creer en mí.
Me gustaría preguntarte, ¿Ha roto Dios alguna vez Su palabra? Nunca. Amigos míos, el mantendrá Su palabra.
Dios condena al mundo porque no creen en Él; esa es la raíz de todo mal. El hombre que cree en Jesucristo no matará, ni mentirá, ni hará ninguna de estas cosas horribles.
-D.L. Moody
domingo, 23 de diciembre de 2018
Aferrándolo a las Escrituras - R.A. Torrey en Español
Aferrándolo a las Escrituras - R.A. Torrey en Español
(Tal como lo relató Faris Daniel Whitesell)
Una vez recibí una carta, una carta muy estremecedora, de un padre que era un ministro Presbiteriano. Él me escribió que tenía un hijo que estaba en una terrible oscuridad espiritual. El hijo pensaba que había cometido el pecado imperdonable y se sumergió en una desesperación absoluta. ¿Lo llevaría al Instituto Bíblico? Le respondí que aunque lo comprendía en su tristeza, el Instituto Bíblico no tenía el propósito de ayudar a casos como este, sino que servía para entrenar a hombres y mujeres en el servicio cristiano. El padre continuó escribiendo, rogando que lleve a su hijo y buscó a otros amigos que apoyaran su petición. Finalmente consentí llevar al joven. Fue enviado y puesto bajo mi cuidado, no sea que hiciera algo drástico en el proceso.
Cuando fue llevado a mi oficina, le mostré un asiento. Tan pronto como los otros se fueron, el comenzó la conversación diciendo "estoy poseído por el diablo".
"Pienso que es muy probable que lo estés", le respondí, "pero Cristo puede echar fuera demonios".
"No me entiendes", decía, "lo que quiero decir es que el diablo entró en mí como lo hizo con Judas Iscariote".
"Puede ser", respondí, "pero Cristo vino para destruir las obras del diablo. Ahora, Cristo dice en Juan 6:37: 'Al que a mí viene, no le echo fuera'. Si vas a Cristo, Él te recibirá y te va a librar del poder de Satanás".
La conversación siguió de esta manera por un tiempo: él aseguraba constantemente la absoluta carencia de esperanza de su situación, y de mi parte le aseguraba constantemente del poder de Cristo y Su promesa: 'Al que a mí viene, no le echo fuera'. Después de un rato envié al joven a su habitación. Pasaron días y semanas, y tuvimos muchas conversaciones siempre en la misma dirección y yo siempre lo aferraba a Juan 6:37.
Un día lo encontré en la sala del Instituto, y me hice de la idea que el tiempo había llegado para acabar la batalla. Le dije que se sentara y yo me senté a su lado.
"¿Crees en la Biblia?", le pregunté.
"Sí", respondió, "creo todo lo que dice".
"¿Crees en Juan 6::37?", le pregunté.
"Sí, creo todo lo que dice la Biblia".
"¿Crees que Jesús dijo la verdad cuando dijo, 'al que a mí viene, no le echo fuera'?"
"Sí, lo creo. Creo todo lo que dice la Biblia".
"Entonces, ¿irás a Cristo?"
"He cometido el pecado imperdonable".
Le respondí, "Jesús no dice, 'Al que no ha cometido el pecado imperdonable y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero he pecado voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad".
"Jesús no dice, 'Al que no ha pecado voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero fui una vez iluminado y he gustado del don celestial y he recaído, y es imposible ser renovado para arrepentimiento".
"Jesús no dice, 'Al que ha gustado del don celestial, y no ha recaído, si a mí viene, no le echo fuera.' Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'."
"Pero estoy poseído por el diablo", respondió.
"Jesús no dijo, 'Al que no está poseído por el diablo y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Yo quiero decir que el diablo ha entrado en mí como lo hizo con Judas Iscariote".
"Jesús no dice, 'Al que no le ha entrado el diablo, como lo hizo con Judas Iscariote, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero mi corazón es duro como una piedra de molino".
"Jesús no dice, 'Si el corazón de un hombre es suave y tierno, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'.
"Pero no sé si tengo deseo de ir".
"Jesús no dice, 'Al que tiene deseo de venir, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero no sé si puedo ir a Él de una forma correcta".
"Jesús no dice, 'Al que a mí viene de la forma correcta, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Bueno, no sé si me interesa ir".
"Jesús no dice, 'Al que le interesa venir a mí, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'.
Las excusas y los subterfugios de ese hombre se agotaron. Lo mire directamente y le dije, "Ahora, ¿irás a Cristo? Arrodíllate, y deja tus disparates".
Él se arrodilló y yo me arrodillé a su lado.
"Ahora", le dije, "Sígueme en la oración".
"Señor Jesús", dije, y él repitió, "Señor Jesús".
"Mi corazón está duro como una piedra de molino".
"Mi corazón está duro como una piedra de molino", repitió.
"No tengo deseo de venir a Ti".
"No tengo deseo de venir a Ti".
"Pero Tú has dicho en Tu Palabra".
"Pero Tú has dicho en Tu Palabra".
"Al que a mí viene, no le echo fuera".
"Al que a mí viene, no le echo fuera".
"Creo en esta declaración que Tú has hecho".
"Creo en esta declaración que Tú has hecho".
"Por lo tanto, aunque no lo siento, creo que Tú me has recibido".
"Por lo tanto, aunque no lo siento, creo que Tú me has recibido".
Cuando terminó le dije, "¿Has ido realmente a Cristo?"
"Sí", respondió.
"¿Te ha recibido?"
"No lo siento".
"¿Pero qué dice Él?"
"Al que a mí viene, no le echo fuera".
"¿Es verdad esto? ¿Dice la verdad Jesús o miente?"
"Dice la verdad".
"¿Entonces que habrá hecho?"
"Él me ha recibido".
"Ahora", le dije, "ve a tu cuarto: mantente firme en esta promesa de Jesucristo. El diablo te dará un conflicto terrible, pero tú solamente respóndele con Juan 6:37, y quédate ahí, creyendo lo que Jesús dice sin importar tus sentimientos, sin importar lo que el diablo diga, sin importar nada".
Y él fue a su habitación. El diablo le dio un conflicto terrible, pero se mantuvo firme en Juan 6:37, y salió de su habitación triunfante y radiante. Años pasaron desde entonces. A pesar de que el diablo intentó una y otra vez hundirlo en la desesperación, él se mantuvo firme en Juan 6:37 y ahora está siendo usado por Dios para hacer un trabajo por Cristo más grande que casi el de cualquier hombre que conozco.
martes, 4 de diciembre de 2018
Un hombre enviado de Dios
El registro bíblico es muy claro cuando nos asegura que Juan el Bautista era un hombre enviado de Dios. Nuestra generación probablemente decidiría que tal hombre tiene que estar completamente orgulloso con el hecho de que Dios lo envió. Nosotros lo animaríamos a escribir un libro. Los líderes de los seminarios se pondrían en fila para agendarlo como un profesor invitado.
En realidad, Juan el Bautista nunca encajaría en nuestro escenario religioso contemporáneo, ¡nunca! Él no mantenía su traje planchado. No se preocupaba por elegir palabras que no ofendieran. No citó pasajes hermosos de los poetas. Los doctores en la psiquiatría hubieran dado un consejo rápido para él: "Juan, te necesitas ajustar a la sociedad y a los tiempos". 'Ajustar': esa es una palabra moderna que he llegado a odiar. No era una expresión utilizada para hablar de seres humanos, hasta que olvidamos que el hombre tiene un alma. Ahora tenemos tipos raros con "destornilladores" mentales ajustando a una persona con un poco más de presión y a otro dejándolo un poco más suelto.
Juan no necesitaba ningún ajuste. Él con gusto se empequeñeció para que todos los ojos fueran puestos en Jesús, ¡el Cordero de de Dios!
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