domingo, 23 de diciembre de 2018

Aferrándolo a las Escrituras - R.A. Torrey en Español

Aferrándolo a las Escrituras - R.A. Torrey en Español




(Tal como lo relató Faris Daniel Whitesell)

Una vez recibí una carta, una carta muy estremecedora, de un padre que era un ministro Presbiteriano. Él me escribió que tenía un hijo que estaba en una terrible oscuridad espiritual. El hijo pensaba que había cometido el pecado imperdonable y se sumergió en una desesperación absoluta. ¿Lo llevaría al Instituto Bíblico? Le respondí que aunque lo comprendía en su tristeza, el Instituto Bíblico no tenía el propósito de ayudar a casos como este, sino que servía para entrenar a hombres y mujeres en el servicio cristiano. El padre continuó escribiendo, rogando que lleve a su hijo y buscó a otros amigos que apoyaran su petición. Finalmente consentí llevar al joven. Fue enviado y puesto bajo mi cuidado, no sea que hiciera algo drástico en el proceso.

Cuando fue llevado a mi oficina, le mostré un asiento. Tan pronto como los otros se fueron, el comenzó la conversación diciendo "estoy poseído por el diablo".

"Pienso que es muy probable que lo estés", le respondí, "pero Cristo puede echar fuera demonios".

"No me entiendes", decía, "lo que quiero decir es que el diablo entró en mí como lo hizo con Judas Iscariote".

"Puede ser", respondí, "pero Cristo vino para destruir las obras del diablo. Ahora, Cristo dice en Juan 6:37: 'Al que a mí viene, no le echo fuera'. Si vas a Cristo, Él te recibirá y te va a librar del poder de Satanás".

La conversación siguió de esta manera por un tiempo: él aseguraba constantemente la absoluta carencia de esperanza de su situación, y de mi parte le aseguraba constantemente del poder de Cristo y Su promesa: 'Al que a mí viene, no le echo fuera'. Después de un rato envié al joven a su habitación. Pasaron días y semanas, y tuvimos muchas conversaciones siempre en la misma dirección y yo siempre lo aferraba a Juan 6:37.

Un día lo encontré en la sala del Instituto, y me hice de la idea que el tiempo había llegado para acabar la batalla. Le dije que se sentara y yo me senté a su lado.

"¿Crees en la Biblia?", le pregunté.

"Sí", respondió, "creo todo lo que dice".

"¿Crees en Juan 6::37?", le pregunté.

"Sí, creo todo lo que dice la Biblia".

"¿Crees que Jesús dijo la verdad cuando dijo, 'al que a mí viene, no le echo fuera'?"

"Sí, lo creo. Creo todo lo que dice la Biblia".

"Entonces, ¿irás a Cristo?"

"He cometido el pecado imperdonable".

Le respondí, "Jesús no dice, 'Al que no ha cometido el pecado imperdonable y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".

"Pero he pecado voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad".

"Jesús no dice, 'Al que no ha pecado voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".

"Pero fui una vez iluminado y he gustado del don celestial y he recaído, y es imposible ser renovado para arrepentimiento".

"Jesús no dice, 'Al que ha gustado del don celestial, y no ha recaído, si a mí viene, no le echo fuera.' Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'."

"Pero estoy poseído por el diablo", respondió.

"Jesús no dijo, 'Al que no está poseído por el diablo y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".

"Yo quiero decir que el diablo ha entrado en mí como lo hizo con Judas Iscariote".

"Jesús no dice, 'Al que no le ha entrado el diablo, como lo hizo con Judas Iscariote, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".

"Pero mi corazón es duro como una piedra de molino".

"Jesús no dice, 'Si el corazón de un hombre es suave y tierno, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'.

"Pero no sé si tengo deseo de ir".

"Jesús no dice, 'Al que tiene deseo de venir, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".

"Pero no sé si puedo ir a Él de una forma correcta".

"Jesús no dice, 'Al que a mí viene de la forma correcta, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".

"Bueno, no sé si me interesa ir".

"Jesús no dice, 'Al que le interesa venir a mí, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'.

Las excusas y los subterfugios de ese hombre se agotaron. Lo mire directamente y le dije, "Ahora, ¿irás a Cristo? Arrodíllate, y deja tus disparates".

Él se arrodilló y yo me arrodillé a su lado.

"Ahora", le dije, "Sígueme en la oración".

"Señor Jesús", dije, y él repitió, "Señor Jesús".

"Mi corazón está duro como una piedra de molino".

"Mi corazón está duro como una piedra de molino", repitió.

"No tengo deseo de venir a Ti".

"No tengo deseo de venir a Ti".

"Pero Tú has dicho en Tu Palabra".

"Pero Tú has dicho en Tu Palabra".

"Al que a mí viene, no le echo fuera".

"Al que a mí viene, no le echo fuera".

"Creo en esta declaración que Tú has hecho".

"Creo en esta declaración que Tú has hecho".

"Por lo tanto, aunque no lo siento, creo que Tú me has recibido".

"Por lo tanto, aunque no lo siento, creo que Tú me has recibido".

Cuando terminó le dije, "¿Has ido realmente a Cristo?"

"Sí", respondió.

"¿Te ha recibido?"

"No lo siento".

"¿Pero qué dice Él?"

"Al que a mí viene, no le echo fuera".

"¿Es verdad esto? ¿Dice la verdad Jesús o miente?"

"Dice la verdad".

"¿Entonces que habrá hecho?"

"Él me ha recibido".

"Ahora", le dije, "ve a tu cuarto: mantente firme en esta promesa de Jesucristo. El diablo te dará un conflicto terrible, pero tú solamente respóndele con Juan 6:37, y quédate ahí, creyendo lo que Jesús dice sin importar tus sentimientos, sin importar lo que el diablo diga, sin importar nada".

Y él fue a su habitación. El diablo le dio un conflicto terrible, pero se mantuvo firme en Juan 6:37, y salió de su habitación triunfante y radiante. Años pasaron desde entonces. A pesar de que el diablo intentó una y otra vez hundirlo en la desesperación, él se mantuvo firme en Juan 6:37 y ahora está siendo usado por Dios para hacer un trabajo por Cristo más grande que casi el de cualquier hombre que conozco.

martes, 4 de diciembre de 2018

Un hombre enviado de Dios

Un Hombre Enviado de Dios



El registro bíblico es muy claro cuando nos asegura que Juan el Bautista era un hombre enviado de Dios. Nuestra generación probablemente decidiría que tal hombre tiene que estar completamente orgulloso con el hecho de que Dios lo envió. Nosotros lo animaríamos a escribir un libro. Los líderes de los seminarios se pondrían en fila para agendarlo como un profesor invitado.
En realidad, Juan el Bautista nunca encajaría en nuestro escenario religioso contemporáneo, ¡nunca! Él no mantenía su traje planchado. No se preocupaba por elegir palabras que no ofendieran. No citó pasajes hermosos de los poetas. Los doctores en la psiquiatría hubieran dado un consejo rápido para él: "Juan, te necesitas ajustar a la sociedad y a los tiempos". 'Ajustar': esa es una palabra moderna que he llegado a odiar. No era una expresión utilizada para hablar de seres humanos, hasta que olvidamos que el hombre tiene un alma. Ahora tenemos tipos raros con "destornilladores" mentales ajustando a una persona con un poco más de presión y a otro dejándolo un poco más suelto.

Juan no necesitaba ningún ajuste. Él con gusto se empequeñeció para que todos los ojos fueran puestos en Jesús, ¡el Cordero de de Dios!

A.W. Tozer


lunes, 3 de diciembre de 2018

George Müller sobre Mateo 28:20

George Müller. Predicador y misionero inglés nacido en Prusia, destacado por su fe en la providencia de Dios y por su obra en favor de los niños desamparados a través de hogares que les servían como albergues, donde los mismos recibían buena educación, vestido y alimentación.

"He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Hay una gran necesidad de que entendamos claramente la obra del Señor Jesucristo en tres aspectos: Su obra por nosotros, Su obra en nosotros y Su obra con nosotros. Si estos son confundidos se despertará una gran dificultad espiritual en los hijos de Dios, y con frecuencia una angustia en la mente. Por ejemplo, si no vemos claramente Su obra por nosotros, de la cual depende la entera salvación de nuestra alma, al ver Su obra en nosotros hallaremos que tendremos necesidad de paz y alegría en el Espíritu Santo. Su obra en nosotros es de máxima importancia, pero no para salvación; es la forma en la que glorificamos a Dios después de creer. Si deseamos verdadera paz de alma esto tiene que quedar claro. Todos nuestros pecados han sido expiados por la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz. Él sufrió en nuestro lugar. Que esto quede claro. Soy un pecador que no merece nada sino la muerte. No tengo ni una partícula de justicia en mí. Confiar en nuestra propia bondad y nuestros propios méritos es la mayor torpeza, que si persevera hasta el final de nuestra vida no hay nada después de nosotros sino el perderse, finalmente perderse. 

Debo perecer si voy ante el Juez Santo y Perfecto rechazando la salvación por Cristo. Hay muchos que no ven esto claramente. Ellos dicen: "Tengo tan poco amor por mi Padre Celestial, por las Escrituras, por los hijos de Dios", olvidando que no somos recibidos en el Cielo en base a esto. Estas cosas deben estar presentes ciertamente, pero de lo único que depende nuestra salvación es de la obra de Cristo. El mayor vil y miserable debajo del cielo puede volverse un hijo de Dios en perfecta simpatía ante Él. ¿Está claro este asunto? ¿Miro solamente a la obra de Cristo para la salvación de mi alma? Si mezclo en este tema la menor partícula de mi propia dignidad, habrá intranquilidad. Desde el primer momento de la vida espiritual hasta el último que respiro en la tierra, no debe ser nada sino sólo Jesús, Jesús, Jesús. Entonces mi corazón estará lleno de gratitud a mi Padre Celestial, y mi fortaleza espiritual y odio al pecado y amor a la santidad crecerá continuamente a una proporción cada vez más grande.

Pero mientras digo esto, ¿de alguna manera menciono que no hay ninguna búsqueda de santidad, ningún caminar con Dios, ninguna búsqueda de conformidad a Cristo? En absoluto. Cuanto más vemos la necesidad de un Salvador, más nuestros corazones serán constreñidos por la gratitud y el amor a trabajar para Él. Éste es Su obrar por Su Espíritu Santo, conduciéndonos a la santidad, para dominar la naturaleza corrupta y malvada dentro de nosotros, con la que luchan los hijos de luz (1 Tesalonicenses 5 v5). Hay dos obras primordiales: la obra que es para nosotros en lo que atañe a nuestra salvación, y la obra que es en nosotros que atañe a nuestra glorificación a Dios y a tener paz y alegría en el Espíritu Santo.

Pero hay un tercer punto en el que me gustaría permanecer en meditación en esta noche: la obra del Señor Jesucristo con nosotros. "He aquí yo estoy con vosotros todos los días". Todo tiempo, todos los días, todo el día, desde el primer momento al último, Cristo estará con nosotros. Nuestros padres nos pueden ser quitados, nuestros niños nos pueden ser quitados, al igual que los buenos consejeros, los mejores amigos y consejeros que tenemos en esta tierra nos pueden ser quitados, pero el precioso Señor Jesucristo siempre permanece con nosotros. Descanso en esto y lo creo. Hermanos y hermanas, ¿ustedes descansan en esto y lo creen? En la proporción en que descansemos en esto diremos: "¡Todo está bien!" con respecto a la preciosa posición de los hijos de Dios.

Llegamos al asunto de la muerte. Tenemos que partir, ¿pero partir a dónde? ¿A dónde? A la perdición, si partimos de este mundo sin Cristo. Conocí a un caballero que estaba en su juventud, que antes de tener 25 años compró tres propiedades inmensas, de más de 700.000 libras esterlinas, y en lugar de ser feliz era una persona miserable. Al final tenía para vivir una pequeña propiedad, dejada a él por su madre, pero luego encontró a Cristo y fue feliz. Es mi anhelo ferviente que ningún compañero pecador vaya al infierno. Si hubiera muerto hace 61 años y 8 meses atrás, estaría perdido, pero yendo al Señor Jesús he sido feliz desde ese entonces. Condénense a sí mismos, pongan toda su confianza en el Señor Jesucristo y sus pecados innumerables serán perdonados.

Tengo a Cristo como mi Amigo, Ayudador, Maestro, quién Él mismo declara que estará conmigo "siempre"; "todos los días". Luego, especialmente acompañemos todo esto con que nuestro Señor Jesucristo declara que nos ama como el Padre lo ama (Juan 15:9). ¿Cuál es el amor del Padre? Es el amor infinito: no puede ir más profundo, es inalterable. ¡Piensen en esto! Tal es el amor de nuestro Señor Jesucristo no meramente para Juan, Felipe, Andrés, Pablo, sino para personas débiles como ustedes y como yo. Pero ahora, hermanos y hermanas, ¿lo creen? Si es así deben estar rebosantes de alegría. "Soy su hijo querido" cada creyente debería decir.
Su amor nunca se altera, el nuestro: ¡Ay, lo hace! Pero el Suyo siempre es igual. Cree y echa mano de esto y serás un hombre feliz y una mujer feliz hasta el fin de tu vida. Él desea que Sus hijos sean felices, no quiere que sean malhumorados y estén tristes. Ser así es una ofensa para Él. ¿Qué? ¿Un cristiano triste? Si nuestros corazones entraran en esta verdad no podríamos evitar ser felices. Si amamos a alguien es nuestra alegría y nuestro deleite estar con él. No lo dejamos ni le damos la espalda. Así es con Aquel que nos amó y dio Su vida por nosotros. Él está con nosotros para fortalecernos y ayudarnos, para hacernos bien continuamente.

Debemos mantener ante nosotros todo lo que la Biblia enseña de nuestra relación con Él. Cabeza y miembros, Esposo y esposa. En la unidad más cercana estamos con el Señor Jesucristo. ¿Cómo es que no puede estar con nosotros para ayudarnos y hacernos bien en todo tiempo?

Probemos esto con una ilustración. Una de las mayores cargas del hijo de Dios es el conflicto espiritual dentro suyo. Su objetivo especial es volverse más y más celestial en su mente, estar más muerto al mundo y más conformado a Cristo. Si estas cosas están ausentes, si no hay deseo manifestado por una santidad interior, entonces ¡hay una necesidad lamentable de revisar si el individuo ha nacido de nuevo! "Las cosas secretas pertenecen a Jehová" (Deuteronomio 29:29). No podemos ver el corazón, no lo sabemos pero si cualquiera sigue su camino satisfecho con ser tal como era antes, y ningún cambio se manifiesta, tiene que probar que él está redimido. El hijo redimido se apena que no es más como Cristo, que no lleva más fruto para la gloria de Dios. Ahora,  esta guerra no producimos nuestros propios cambios. El Gran Capitán de los ejércitos Divinos va con nosotros: Jehová. Jesús está de nuestro lado peleando con nosotros, y así como Él venció también venceremos nosotros. Oh, ¡la bendición de esta verdad! ¡Nuestro Señor Jesucristo está con nosotros en nuestra lucha contra el mundo, la carne y el diablo! Pero, ¿hacemos uso de Su presencia como deberíamos? ¿Decimos, "ah, precioso Señor Jesús, seré vencido si peleo solo, pero sé que Tú estarás conmigo. ¡Ayúdame! ¡Ayúdame!". Así, apropiándonos de nuestra perfecta debilidad y Su perfecto poder veremos a nuestros enemigos caer ante nosotros y en Él obtendremos la victoria.

De nuevo, en nuestro trabajo y servicio al Señor podemos predicar, dar tratados y Biblias, visitar de casa en casa al enfermo y al sano, al rico y al pobre. Si somos dejados a nuestra propia competencia será todo inútil, incluso si viajamos miles de millas. Pero el Señor Jesús está con nosotros para ser usado. Ejercitemos fe en Su voluntad para ayudar. Oh, hagamos confesión de nuestra perfecta debilidad, pero también de Su perfecto poder y, ¿cuál será el resultado? ¡La debilidad perfecta con frecuencia hace maravillas a través de Él! Este es un consuelo para el alma del pobre hijo de Dios que busca enseñar los domingos o enseñar en escuelas harapientas, visitar, actuar como mujeres bíblicas, predicar en habitaciones, pasillos, pueblos, entre otros lugares.
Un consuelo especial viene con este conocimiento.

Luego de nuevo, al leer las Escrituras nos encontramos con algunos pasajes difíciles, aunque tengamos una versión buena de la Biblia y quizás algún conocimiento del idioma original; todas estas ayudas son en vano a menos que Cristo esté con nosotros. Debemos leer como si estuviera sentado en una silla al lado nuestro, mirándonos, y debemos apuntar nuestro dedo donde corresponde al versículo y decirle a Él: "Señor, ayúdame; no puedo entenderlo". Días, meses, años incluso pueden pasar, pero si con paciencia y humildad buscamos la ayuda, ésta llegará al final. Cuán reconfortante es esto.

Y aún más con respecto a los asuntos de esta vida: Tenemos hijos y estamos buscando llevarlos al temor del Señor. No tenemos sabiduría en nosotros y déjame recordarte con afecto, querido hermano o hermana, si piensas arreglar esto con tu propia sabiduría, no podrás. Ve al Señor Jesucristo; pídele en Su piedad y compasión que sea tu ayuda.
Uno de Sus oficios es sustentar a la Iglesia con Su propio conocimiento de la vida, así que con humildad de alma ve a Él, al mejor de los Consejeros. Así que, si deseas administrar algo, ve a Jesús. Él está contigo. Sólo ten presente Su amor, y verás qué bendición es en todo. En todos los asuntos pequeños de la vida ve a Jesús. No lleves nada adelante confiando en ti. Abandona todo esto y echa mano de Su sabiduría y amor infinito. y pruébalos.

Recuerda especialmente que esta vida está hecha de pequeños desafíos, pequeñas dificultades, pequeñas cargas y afanes. Si tratas de llevar esto con tus fuerzas, será algo deplorable. Querrás quitártelo de encima pronto. Esto lo sé, y por eso soy un hombre feliz. Si tratase de llevar aunque sea el uno por ciento de mis problemas seria miserable. He tenido continuamente mayores y menores problemas, aún así soy feliz, muy feliz. Le pido a Dios, a pesar de tener casi 82 años de vida, que me dé el gran honor y deleite de vivir para trabajar para Él. La vida no es una carga para mí, pero el secreto de esto es que miro a mi precioso Señor Jesús y le pido que lleve mis cargas por mí; y si alguien no ha hecho esto aún, ¡que comience a hacerlo en esta noche! Y la vida no será una carga molesta; no dirá como muchos dicen: "Oh, me gustaría llegar pronto al fin y morir". No recuerdo que haya dicho eso alguna vez desde mi conversión. Y el Señor Jesús es una ayuda dispuesta no para uno solo, sino para todos. Él ama a los cristianos más débiles.
Me veo a mí como un pecador merecedor del infierno, indigno y miserable, y sé que que con todo esto soy amado como un hijo querido, por causa de Cristo.

Una palabra más. La Segunda Venida de Cristo es la Esperanza de la Iglesia y está para ser mantenida delante de nosotros como tal, pero supongamos que si su Regreso se demorase, todos iremos a dormir. Con este mundo miserable todo se habrá terminado. No habrá más adquisición de riquezas, no más disfrute de placeres, ni un grano de oro más podrá ser quitado; todo esto habrá quedado atrás. Pero, ¡cuán diferente es esto con el hijo de Dios! Siendo cada vez más y más débil, el pulso difícilmente siendo sentido, el corazón y la carne desfalleciendo, ¿qué importa? ¡Cristo está con nosotros! David, que no poseía la completa voluntad revelada de Dios como nosotros la tenemos, podía decir esto (en sus palabras podemos ver nuestro texto), llevado al valle de sombra de muerte: El dice, "Tu estás conmigo", no "Tú me has abandonado". Vean qué cosas preciosas le pertenecen al hijo de Dios; cómo él es llevado a más y más bendición por medio de la obra preciosa de nuestro Señor Jesucristo, siendo cada uno de nosotros más y más santos, más y más útiles en el servicio.

Que Dios conceda que así sea con todos aquí presentes, por amor de Cristo.

-George Müller.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Una boca cerrada y un corazón en silencio - A.W. Tozer

"Se enardeció mi corazón; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua..."

La oración entre los cristianos evangélicos siempre está en riesgo de degenerarse en una carrera glorificada. Casi todos los libros sobre la oración tratan con el elemento "recibir" principalmente. El cómo recibir las cosas que queremos de Dios ocupa la mayor parte del espacio. Aunque admitimos con gozo que podemos pedirle a Dios y recibir dádivas y beneficios específicos en respuesta a nuestras oraciones, nunca debemos olvidar que el nivel más elevado de oración no es hacer una petición.
La oración en el momento más sagrado es entrar a las puertas de Dios a un lugar de tan bendita unión que hace que los milagros palidezcan y las respuestas excepcionales a las oraciones parezcan algo muy lejos de asombroso en comparación.

Los hombres santos de tiempos más sobrios y tranquilos que los nuestros conocían bien el poder del silencio. David dijo, "Enmudecí con silencio, me calle con respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor. Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua". Hay un consejo aquí para los profetas de Dios en la actualidad. El corazón raramente se enardece cuando la boca está abierta. Una boca cerrada ante Dios y un corazón silencioso son indispensables para la recepción de ciertas verdades. Ningún hombre está calificado para hablar si antes no ha escuchado.

"Señor, enséñame a cerrar mi boca. Amo predicar; me has dado oportunidades de enseñar; soy llamado a dispensar consejo y sabiduría. Pero sentarme en silencio ante Ti, con mi boca cerrada, no lo hago tanto como debería. Amén."

A.W. TOZER


Génesis 21. La Biblia y la Risa.

  Génesis 21. La Biblia y la Risa. En el capítulo 18 el Señor promete el nacimiento de "Él ríe" o "Risas", es decir, Isa...