El hábito de interrumpir nuestras oraciones antes de que haber terminado es tan común como desafortunado. A menudo los últimos diez minutos pueden significar más que la primera media hora, porque hemos de estar un largo rato hasta alcanzar el estado adecuado para orar efectivamente.
Idealmente, deberíamos vivir en un estado donde momento a momento estamos en perfecta unión con Dios y no hay necesidad de una preparación especial. Pero en realidad hay pocos que pueden decir honestamente que ésta es su experiencia.
Cualquier cosa que pueda llegar a decir el idealismo fantasioso, estamos forzados a tratar con las cosas al nivel de la realidad práctica. Si cuando vamos a orar nuestros corazones se sienten apagados y poco espirituales, no debemos tratar de persuadirnos de sentirnos diferente. En su lugar, debemos admitirlo francamente y orar hasta atravesar ese estado. Algunos cristianos sonríen ante el pensamiento de "orar hasta atravesarlo", pero algo de ésta idea se encuentra prácticamente en todos los escritos de todo santo de oración, desde Daniel hasta el día presente. No podemos permitirnos dejar de orar hasta que en realidad hayamos orado.
A.W. TOZER
