Aferrándolo a las Escrituras - R.A. Torrey en Español
(Tal como lo relató Faris Daniel Whitesell)
Una vez recibí una carta, una carta muy estremecedora, de un padre que era un ministro Presbiteriano. Él me escribió que tenía un hijo que estaba en una terrible oscuridad espiritual. El hijo pensaba que había cometido el pecado imperdonable y se sumergió en una desesperación absoluta. ¿Lo llevaría al Instituto Bíblico? Le respondí que aunque lo comprendía en su tristeza, el Instituto Bíblico no tenía el propósito de ayudar a casos como este, sino que servía para entrenar a hombres y mujeres en el servicio cristiano. El padre continuó escribiendo, rogando que lleve a su hijo y buscó a otros amigos que apoyaran su petición. Finalmente consentí llevar al joven. Fue enviado y puesto bajo mi cuidado, no sea que hiciera algo drástico en el proceso.
Cuando fue llevado a mi oficina, le mostré un asiento. Tan pronto como los otros se fueron, el comenzó la conversación diciendo "estoy poseído por el diablo".
"Pienso que es muy probable que lo estés", le respondí, "pero Cristo puede echar fuera demonios".
"No me entiendes", decía, "lo que quiero decir es que el diablo entró en mí como lo hizo con Judas Iscariote".
"Puede ser", respondí, "pero Cristo vino para destruir las obras del diablo. Ahora, Cristo dice en Juan 6:37: 'Al que a mí viene, no le echo fuera'. Si vas a Cristo, Él te recibirá y te va a librar del poder de Satanás".
La conversación siguió de esta manera por un tiempo: él aseguraba constantemente la absoluta carencia de esperanza de su situación, y de mi parte le aseguraba constantemente del poder de Cristo y Su promesa: 'Al que a mí viene, no le echo fuera'. Después de un rato envié al joven a su habitación. Pasaron días y semanas, y tuvimos muchas conversaciones siempre en la misma dirección y yo siempre lo aferraba a Juan 6:37.
Un día lo encontré en la sala del Instituto, y me hice de la idea que el tiempo había llegado para acabar la batalla. Le dije que se sentara y yo me senté a su lado.
"¿Crees en la Biblia?", le pregunté.
"Sí", respondió, "creo todo lo que dice".
"¿Crees en Juan 6::37?", le pregunté.
"Sí, creo todo lo que dice la Biblia".
"¿Crees que Jesús dijo la verdad cuando dijo, 'al que a mí viene, no le echo fuera'?"
"Sí, lo creo. Creo todo lo que dice la Biblia".
"Entonces, ¿irás a Cristo?"
"He cometido el pecado imperdonable".
Le respondí, "Jesús no dice, 'Al que no ha cometido el pecado imperdonable y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero he pecado voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad".
"Jesús no dice, 'Al que no ha pecado voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero fui una vez iluminado y he gustado del don celestial y he recaído, y es imposible ser renovado para arrepentimiento".
"Jesús no dice, 'Al que ha gustado del don celestial, y no ha recaído, si a mí viene, no le echo fuera.' Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'."
"Pero estoy poseído por el diablo", respondió.
"Jesús no dijo, 'Al que no está poseído por el diablo y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Yo quiero decir que el diablo ha entrado en mí como lo hizo con Judas Iscariote".
"Jesús no dice, 'Al que no le ha entrado el diablo, como lo hizo con Judas Iscariote, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero mi corazón es duro como una piedra de molino".
"Jesús no dice, 'Si el corazón de un hombre es suave y tierno, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'.
"Pero no sé si tengo deseo de ir".
"Jesús no dice, 'Al que tiene deseo de venir, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Pero no sé si puedo ir a Él de una forma correcta".
"Jesús no dice, 'Al que a mí viene de la forma correcta, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'".
"Bueno, no sé si me interesa ir".
"Jesús no dice, 'Al que le interesa venir a mí, y a mí viene, no le echo fuera'. Él dice, 'Al que a mí viene, no le echo fuera'.
Las excusas y los subterfugios de ese hombre se agotaron. Lo mire directamente y le dije, "Ahora, ¿irás a Cristo? Arrodíllate, y deja tus disparates".
Él se arrodilló y yo me arrodillé a su lado.
"Ahora", le dije, "Sígueme en la oración".
"Señor Jesús", dije, y él repitió, "Señor Jesús".
"Mi corazón está duro como una piedra de molino".
"Mi corazón está duro como una piedra de molino", repitió.
"No tengo deseo de venir a Ti".
"No tengo deseo de venir a Ti".
"Pero Tú has dicho en Tu Palabra".
"Pero Tú has dicho en Tu Palabra".
"Al que a mí viene, no le echo fuera".
"Al que a mí viene, no le echo fuera".
"Creo en esta declaración que Tú has hecho".
"Creo en esta declaración que Tú has hecho".
"Por lo tanto, aunque no lo siento, creo que Tú me has recibido".
"Por lo tanto, aunque no lo siento, creo que Tú me has recibido".
Cuando terminó le dije, "¿Has ido realmente a Cristo?"
"Sí", respondió.
"¿Te ha recibido?"
"No lo siento".
"¿Pero qué dice Él?"
"Al que a mí viene, no le echo fuera".
"¿Es verdad esto? ¿Dice la verdad Jesús o miente?"
"Dice la verdad".
"¿Entonces que habrá hecho?"
"Él me ha recibido".
"Ahora", le dije, "ve a tu cuarto: mantente firme en esta promesa de Jesucristo. El diablo te dará un conflicto terrible, pero tú solamente respóndele con Juan 6:37, y quédate ahí, creyendo lo que Jesús dice sin importar tus sentimientos, sin importar lo que el diablo diga, sin importar nada".
Y él fue a su habitación. El diablo le dio un conflicto terrible, pero se mantuvo firme en Juan 6:37, y salió de su habitación triunfante y radiante. Años pasaron desde entonces. A pesar de que el diablo intentó una y otra vez hundirlo en la desesperación, él se mantuvo firme en Juan 6:37 y ahora está siendo usado por Dios para hacer un trabajo por Cristo más grande que casi el de cualquier hombre que conozco.

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