Génesis 20. Mirando la mujer ajena.
Abimelec, rey de Gerar, toma a Sara, mujer de Abraham, no sabiendo que era su mujer, sino considerando que ella era su hermana, que en un sentido es así (mismo padre, diferente madre).
En sueño nocturno, Dios le da un gran susto al rey Abimelec por amor a Abraham y Sara, "He aquí eres hombre muerto por razón de la mujer que has tomado, pues está casada" (v. 3).
Esto me hizo considerar la seriedad con que Dios se toma la unión entre Abraham y Sara, aplicable a cada unión del pueblo de Dios hoy en día, al punto de no respetar grandeza de reyes sino decirle claramente: Eres hombre muerto. Y esto, por amor a su amigo Abraham.
Lo más interesante de esto es que Abimelec ni siquiera había tocado a Sara y él se defiende ante Dios alegando inocencia. Dios le concede la razón diciéndole que Él mismo preservó a Abimelec de tocarla "no te dejé que la tocaras" (v. 6), y le da una advertencia para que actúe: "si no la devuelves, sabe que de cierto morirás, tu y todos los tuyos".
El gran favor de Dios sobre Abraham, es un gran favor de Dios que puede estar sobre nosotros, si guardamos sus mandamientos.
"Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor". Juan 15:9-10.
"Bendito tu, oh SEÑOR, enséñame tus estatutos". Salmos 119:12. Amén.
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