lunes, 3 de diciembre de 2018

George Müller sobre Mateo 28:20

George Müller. Predicador y misionero inglés nacido en Prusia, destacado por su fe en la providencia de Dios y por su obra en favor de los niños desamparados a través de hogares que les servían como albergues, donde los mismos recibían buena educación, vestido y alimentación.

"He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Hay una gran necesidad de que entendamos claramente la obra del Señor Jesucristo en tres aspectos: Su obra por nosotros, Su obra en nosotros y Su obra con nosotros. Si estos son confundidos se despertará una gran dificultad espiritual en los hijos de Dios, y con frecuencia una angustia en la mente. Por ejemplo, si no vemos claramente Su obra por nosotros, de la cual depende la entera salvación de nuestra alma, al ver Su obra en nosotros hallaremos que tendremos necesidad de paz y alegría en el Espíritu Santo. Su obra en nosotros es de máxima importancia, pero no para salvación; es la forma en la que glorificamos a Dios después de creer. Si deseamos verdadera paz de alma esto tiene que quedar claro. Todos nuestros pecados han sido expiados por la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz. Él sufrió en nuestro lugar. Que esto quede claro. Soy un pecador que no merece nada sino la muerte. No tengo ni una partícula de justicia en mí. Confiar en nuestra propia bondad y nuestros propios méritos es la mayor torpeza, que si persevera hasta el final de nuestra vida no hay nada después de nosotros sino el perderse, finalmente perderse. 

Debo perecer si voy ante el Juez Santo y Perfecto rechazando la salvación por Cristo. Hay muchos que no ven esto claramente. Ellos dicen: "Tengo tan poco amor por mi Padre Celestial, por las Escrituras, por los hijos de Dios", olvidando que no somos recibidos en el Cielo en base a esto. Estas cosas deben estar presentes ciertamente, pero de lo único que depende nuestra salvación es de la obra de Cristo. El mayor vil y miserable debajo del cielo puede volverse un hijo de Dios en perfecta simpatía ante Él. ¿Está claro este asunto? ¿Miro solamente a la obra de Cristo para la salvación de mi alma? Si mezclo en este tema la menor partícula de mi propia dignidad, habrá intranquilidad. Desde el primer momento de la vida espiritual hasta el último que respiro en la tierra, no debe ser nada sino sólo Jesús, Jesús, Jesús. Entonces mi corazón estará lleno de gratitud a mi Padre Celestial, y mi fortaleza espiritual y odio al pecado y amor a la santidad crecerá continuamente a una proporción cada vez más grande.

Pero mientras digo esto, ¿de alguna manera menciono que no hay ninguna búsqueda de santidad, ningún caminar con Dios, ninguna búsqueda de conformidad a Cristo? En absoluto. Cuanto más vemos la necesidad de un Salvador, más nuestros corazones serán constreñidos por la gratitud y el amor a trabajar para Él. Éste es Su obrar por Su Espíritu Santo, conduciéndonos a la santidad, para dominar la naturaleza corrupta y malvada dentro de nosotros, con la que luchan los hijos de luz (1 Tesalonicenses 5 v5). Hay dos obras primordiales: la obra que es para nosotros en lo que atañe a nuestra salvación, y la obra que es en nosotros que atañe a nuestra glorificación a Dios y a tener paz y alegría en el Espíritu Santo.

Pero hay un tercer punto en el que me gustaría permanecer en meditación en esta noche: la obra del Señor Jesucristo con nosotros. "He aquí yo estoy con vosotros todos los días". Todo tiempo, todos los días, todo el día, desde el primer momento al último, Cristo estará con nosotros. Nuestros padres nos pueden ser quitados, nuestros niños nos pueden ser quitados, al igual que los buenos consejeros, los mejores amigos y consejeros que tenemos en esta tierra nos pueden ser quitados, pero el precioso Señor Jesucristo siempre permanece con nosotros. Descanso en esto y lo creo. Hermanos y hermanas, ¿ustedes descansan en esto y lo creen? En la proporción en que descansemos en esto diremos: "¡Todo está bien!" con respecto a la preciosa posición de los hijos de Dios.

Llegamos al asunto de la muerte. Tenemos que partir, ¿pero partir a dónde? ¿A dónde? A la perdición, si partimos de este mundo sin Cristo. Conocí a un caballero que estaba en su juventud, que antes de tener 25 años compró tres propiedades inmensas, de más de 700.000 libras esterlinas, y en lugar de ser feliz era una persona miserable. Al final tenía para vivir una pequeña propiedad, dejada a él por su madre, pero luego encontró a Cristo y fue feliz. Es mi anhelo ferviente que ningún compañero pecador vaya al infierno. Si hubiera muerto hace 61 años y 8 meses atrás, estaría perdido, pero yendo al Señor Jesús he sido feliz desde ese entonces. Condénense a sí mismos, pongan toda su confianza en el Señor Jesucristo y sus pecados innumerables serán perdonados.

Tengo a Cristo como mi Amigo, Ayudador, Maestro, quién Él mismo declara que estará conmigo "siempre"; "todos los días". Luego, especialmente acompañemos todo esto con que nuestro Señor Jesucristo declara que nos ama como el Padre lo ama (Juan 15:9). ¿Cuál es el amor del Padre? Es el amor infinito: no puede ir más profundo, es inalterable. ¡Piensen en esto! Tal es el amor de nuestro Señor Jesucristo no meramente para Juan, Felipe, Andrés, Pablo, sino para personas débiles como ustedes y como yo. Pero ahora, hermanos y hermanas, ¿lo creen? Si es así deben estar rebosantes de alegría. "Soy su hijo querido" cada creyente debería decir.
Su amor nunca se altera, el nuestro: ¡Ay, lo hace! Pero el Suyo siempre es igual. Cree y echa mano de esto y serás un hombre feliz y una mujer feliz hasta el fin de tu vida. Él desea que Sus hijos sean felices, no quiere que sean malhumorados y estén tristes. Ser así es una ofensa para Él. ¿Qué? ¿Un cristiano triste? Si nuestros corazones entraran en esta verdad no podríamos evitar ser felices. Si amamos a alguien es nuestra alegría y nuestro deleite estar con él. No lo dejamos ni le damos la espalda. Así es con Aquel que nos amó y dio Su vida por nosotros. Él está con nosotros para fortalecernos y ayudarnos, para hacernos bien continuamente.

Debemos mantener ante nosotros todo lo que la Biblia enseña de nuestra relación con Él. Cabeza y miembros, Esposo y esposa. En la unidad más cercana estamos con el Señor Jesucristo. ¿Cómo es que no puede estar con nosotros para ayudarnos y hacernos bien en todo tiempo?

Probemos esto con una ilustración. Una de las mayores cargas del hijo de Dios es el conflicto espiritual dentro suyo. Su objetivo especial es volverse más y más celestial en su mente, estar más muerto al mundo y más conformado a Cristo. Si estas cosas están ausentes, si no hay deseo manifestado por una santidad interior, entonces ¡hay una necesidad lamentable de revisar si el individuo ha nacido de nuevo! "Las cosas secretas pertenecen a Jehová" (Deuteronomio 29:29). No podemos ver el corazón, no lo sabemos pero si cualquiera sigue su camino satisfecho con ser tal como era antes, y ningún cambio se manifiesta, tiene que probar que él está redimido. El hijo redimido se apena que no es más como Cristo, que no lleva más fruto para la gloria de Dios. Ahora,  esta guerra no producimos nuestros propios cambios. El Gran Capitán de los ejércitos Divinos va con nosotros: Jehová. Jesús está de nuestro lado peleando con nosotros, y así como Él venció también venceremos nosotros. Oh, ¡la bendición de esta verdad! ¡Nuestro Señor Jesucristo está con nosotros en nuestra lucha contra el mundo, la carne y el diablo! Pero, ¿hacemos uso de Su presencia como deberíamos? ¿Decimos, "ah, precioso Señor Jesús, seré vencido si peleo solo, pero sé que Tú estarás conmigo. ¡Ayúdame! ¡Ayúdame!". Así, apropiándonos de nuestra perfecta debilidad y Su perfecto poder veremos a nuestros enemigos caer ante nosotros y en Él obtendremos la victoria.

De nuevo, en nuestro trabajo y servicio al Señor podemos predicar, dar tratados y Biblias, visitar de casa en casa al enfermo y al sano, al rico y al pobre. Si somos dejados a nuestra propia competencia será todo inútil, incluso si viajamos miles de millas. Pero el Señor Jesús está con nosotros para ser usado. Ejercitemos fe en Su voluntad para ayudar. Oh, hagamos confesión de nuestra perfecta debilidad, pero también de Su perfecto poder y, ¿cuál será el resultado? ¡La debilidad perfecta con frecuencia hace maravillas a través de Él! Este es un consuelo para el alma del pobre hijo de Dios que busca enseñar los domingos o enseñar en escuelas harapientas, visitar, actuar como mujeres bíblicas, predicar en habitaciones, pasillos, pueblos, entre otros lugares.
Un consuelo especial viene con este conocimiento.

Luego de nuevo, al leer las Escrituras nos encontramos con algunos pasajes difíciles, aunque tengamos una versión buena de la Biblia y quizás algún conocimiento del idioma original; todas estas ayudas son en vano a menos que Cristo esté con nosotros. Debemos leer como si estuviera sentado en una silla al lado nuestro, mirándonos, y debemos apuntar nuestro dedo donde corresponde al versículo y decirle a Él: "Señor, ayúdame; no puedo entenderlo". Días, meses, años incluso pueden pasar, pero si con paciencia y humildad buscamos la ayuda, ésta llegará al final. Cuán reconfortante es esto.

Y aún más con respecto a los asuntos de esta vida: Tenemos hijos y estamos buscando llevarlos al temor del Señor. No tenemos sabiduría en nosotros y déjame recordarte con afecto, querido hermano o hermana, si piensas arreglar esto con tu propia sabiduría, no podrás. Ve al Señor Jesucristo; pídele en Su piedad y compasión que sea tu ayuda.
Uno de Sus oficios es sustentar a la Iglesia con Su propio conocimiento de la vida, así que con humildad de alma ve a Él, al mejor de los Consejeros. Así que, si deseas administrar algo, ve a Jesús. Él está contigo. Sólo ten presente Su amor, y verás qué bendición es en todo. En todos los asuntos pequeños de la vida ve a Jesús. No lleves nada adelante confiando en ti. Abandona todo esto y echa mano de Su sabiduría y amor infinito. y pruébalos.

Recuerda especialmente que esta vida está hecha de pequeños desafíos, pequeñas dificultades, pequeñas cargas y afanes. Si tratas de llevar esto con tus fuerzas, será algo deplorable. Querrás quitártelo de encima pronto. Esto lo sé, y por eso soy un hombre feliz. Si tratase de llevar aunque sea el uno por ciento de mis problemas seria miserable. He tenido continuamente mayores y menores problemas, aún así soy feliz, muy feliz. Le pido a Dios, a pesar de tener casi 82 años de vida, que me dé el gran honor y deleite de vivir para trabajar para Él. La vida no es una carga para mí, pero el secreto de esto es que miro a mi precioso Señor Jesús y le pido que lleve mis cargas por mí; y si alguien no ha hecho esto aún, ¡que comience a hacerlo en esta noche! Y la vida no será una carga molesta; no dirá como muchos dicen: "Oh, me gustaría llegar pronto al fin y morir". No recuerdo que haya dicho eso alguna vez desde mi conversión. Y el Señor Jesús es una ayuda dispuesta no para uno solo, sino para todos. Él ama a los cristianos más débiles.
Me veo a mí como un pecador merecedor del infierno, indigno y miserable, y sé que que con todo esto soy amado como un hijo querido, por causa de Cristo.

Una palabra más. La Segunda Venida de Cristo es la Esperanza de la Iglesia y está para ser mantenida delante de nosotros como tal, pero supongamos que si su Regreso se demorase, todos iremos a dormir. Con este mundo miserable todo se habrá terminado. No habrá más adquisición de riquezas, no más disfrute de placeres, ni un grano de oro más podrá ser quitado; todo esto habrá quedado atrás. Pero, ¡cuán diferente es esto con el hijo de Dios! Siendo cada vez más y más débil, el pulso difícilmente siendo sentido, el corazón y la carne desfalleciendo, ¿qué importa? ¡Cristo está con nosotros! David, que no poseía la completa voluntad revelada de Dios como nosotros la tenemos, podía decir esto (en sus palabras podemos ver nuestro texto), llevado al valle de sombra de muerte: El dice, "Tu estás conmigo", no "Tú me has abandonado". Vean qué cosas preciosas le pertenecen al hijo de Dios; cómo él es llevado a más y más bendición por medio de la obra preciosa de nuestro Señor Jesucristo, siendo cada uno de nosotros más y más santos, más y más útiles en el servicio.

Que Dios conceda que así sea con todos aquí presentes, por amor de Cristo.

-George Müller.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Una boca cerrada y un corazón en silencio - A.W. Tozer

"Se enardeció mi corazón; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua..."

La oración entre los cristianos evangélicos siempre está en riesgo de degenerarse en una carrera glorificada. Casi todos los libros sobre la oración tratan con el elemento "recibir" principalmente. El cómo recibir las cosas que queremos de Dios ocupa la mayor parte del espacio. Aunque admitimos con gozo que podemos pedirle a Dios y recibir dádivas y beneficios específicos en respuesta a nuestras oraciones, nunca debemos olvidar que el nivel más elevado de oración no es hacer una petición.
La oración en el momento más sagrado es entrar a las puertas de Dios a un lugar de tan bendita unión que hace que los milagros palidezcan y las respuestas excepcionales a las oraciones parezcan algo muy lejos de asombroso en comparación.

Los hombres santos de tiempos más sobrios y tranquilos que los nuestros conocían bien el poder del silencio. David dijo, "Enmudecí con silencio, me calle con respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor. Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua". Hay un consejo aquí para los profetas de Dios en la actualidad. El corazón raramente se enardece cuando la boca está abierta. Una boca cerrada ante Dios y un corazón silencioso son indispensables para la recepción de ciertas verdades. Ningún hombre está calificado para hablar si antes no ha escuchado.

"Señor, enséñame a cerrar mi boca. Amo predicar; me has dado oportunidades de enseñar; soy llamado a dispensar consejo y sabiduría. Pero sentarme en silencio ante Ti, con mi boca cerrada, no lo hago tanto como debería. Amén."

A.W. TOZER


viernes, 30 de noviembre de 2018

Ora hasta que hayas orado - A.W. Tozer

El Dr. Moody Stuart, un gran hombre de oración de la generación pasada, una vez diseño una serie de reglas para guiarse en sus oraciones. Entre estas reglas hay una: "Ora hasta que hayas orado". La diferencia de orar hasta que hayas terminado y orar hasta que hayas orado se puede mostrar con la vida del evangelista estadounidense John Wesley Lee. Él a menudo comparaba una sesión de oración a un servicio de culto, e insistía que muchos de nosotros terminaban la reunión antes de que el servicio hubiera finalizado. Wesley Lee confesó que una vez se levantó muy temprano de una sesión de oración y se fue caminando a la calle a atender un asunto que lo presionaba. Había recorrido una pequeña distancia cuando una voz interior le reprochó: "Hijo", la voz parecía decir, "¿has pronunciado la bendición antes de finalizar la reunión?". Él lo entendió, y se apresuró a volver a su lugar de oración, donde se quedó hasta que la carga se hubiera aliviado y llegó su bendición.

El hábito de interrumpir nuestras oraciones antes de que haber terminado es tan común como desafortunado. A menudo los últimos diez minutos pueden significar más que la primera media hora, porque hemos de estar un largo rato hasta alcanzar el estado adecuado para orar efectivamente.

Idealmente, deberíamos vivir en un estado donde momento a momento estamos en perfecta unión con Dios y no hay necesidad de una preparación especial. Pero en realidad hay pocos que pueden decir honestamente que ésta es su experiencia.

Cualquier cosa que pueda llegar a decir el idealismo fantasioso, estamos forzados a tratar con las cosas al nivel de la realidad práctica. Si cuando vamos a orar nuestros corazones se sienten apagados y poco espirituales, no debemos tratar de persuadirnos de sentirnos diferente. En su lugar, debemos admitirlo francamente y orar hasta atravesar ese estado. Algunos cristianos sonríen ante el pensamiento de "orar hasta atravesarlo", pero algo de ésta idea se encuentra prácticamente en todos los escritos de todo santo de oración, desde Daniel hasta el día presente. No podemos permitirnos dejar de orar hasta que en realidad hayamos orado.

A.W. TOZER




martes, 25 de septiembre de 2018

Un Cristiano de oro

UN CRISTIANO DE ORO



Un cristiano de verdad será santo entre impíos.
Él mantendrá su santidad, aunque los tiempos sean tan impíos.

Si lo pones entre amigos impíos - lo hallarás a él santo.
Si lo pones en su mesa - lo hallarás a él santo.
SI lo pones en la tienda - lo hallarás a él santo.
Si lo pones en su familia - lo hallarás a él santo.
Si lo pones en su cuarto - lo hallarás a él santo.
En sus viajes - lo hallarás a él santo.
En sus recreaciones - lo hallarás a él santo.

Un cristiano santo es como el oro. Echa el oro sobre el fuego, o en el agua; échalo sobre un montón de cenizas o en un lindo jardín, échalo entre los pobres o entre los ricos, entre los religiosos o entre los licenciosos-y sigue siendo oro, aún retiene su pureza y su excelencia.
¡Hazlo! Echa a un cristiano santo - un cristiano de oro - en cualquier condición que quieras, en cualquier condición que desees - |y permanecerá su pureza y su santidad!
Sí, cuanto peor sean los tiempos, mayormente el santo estudia la santidad, prefiere la santidad, valora la santidad y practica la santidad.

La verdadera santidad es una parte de la naturaleza divina; tiene tal carácter celestial que nunca se alterará.

-Thomas Brooks (1608-1680)

Un Salvador del Pecado

Un Salvador del Pecado



"Y dará luz a un hijo, y llamará su nombre JESÚS, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados." Mateo 1:21
"Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él. Todo el que permanece en Él, no peca." 1 Juan 3:5-6

Es el pecado la causa de nuestra miseria. Es el pecado lo que provocó a Dios y trajo Su maldición sobre el hombre. Él odia el pecado con un odio perfecto y hará lo que sea necesario para extirparlo.

1. Es para quitar el pecado que Dios dio a Su Hijo -que CRISTO se dio a Sí Mismo.

2. Es Dios quien nos libera. No sólo nos hace libres de castigo, maldición, intranquilidad y terror, pero nos libera también del mismísimo pecado.

3. Usted sabe que Él se manifestó para que pudiera quitar nuestro pecado. Recibamos este pensamiento en lo profundo de nuestro corazón -es Dios quien quita nuestro pecado. Cuanto más entendamos esto, tanto más será bendecida nuestra vida.
No todos reciben esto. Principalmente buscan ser libres de las consecuencias del pecado, del miedo y la oscuridad; y del castigo que el pecado trae.

4. Es por esto que no llegan al verdadero descanso de la salvación. Ellos no llegan a conocer que ser salvo es ser liberado del pecado. JESÚS salva mediante la extracción del pecado. Entendamos esto bien. Entonces, aprenderemos dos cosas:
La primera es ir a CRISTO con todos nuestros pecados.

5. Ahora que te has entregado enteramente al SEÑOR, no te desalientes por el pecado que aún te ataca y te domina. No hagas ningún intento de quitar y vencer el pecado meramente con tus fuerzas. Trae cada pecado tuyo a JESÚS. Él ha sido ordenado por Dios para quitar los pecados. Y JESÚS les quitó todo el peso que tenían cuando fue a la Cruz, quebrando su poder.

6. Es Su trabajo --es Su deseo hacerte libre de él. Aprende, por tanto, a siempre ir a JESÚS con tu pecado. El pecado es tu enemigo mortal. Si se lo confiesas a JESÚS -si lo rindes a Él- con seguridad lo vencerás.

7. Aprende a creer en esto firmemente. Este es el segundo punto. Entiende que JESÚS mismo es quien salva de pecado. No eres tú quien debe vencer al pecado con la ayuda de JESÚS, sino JESÚS mismo - JESÚS en ti.

8. Si de esta manera te vuelves libre de pecado y disfrutas de la salvación completa, entonces esfuérzate por estar en completa comunión con Jesús. No esperes hasta entrar en tentación para pedir la ayuda de JESÚS. Sino que de antemano permite que tu vida sea a través de JESÚS. Que Su cercanía sea tu único deseo. JESÚS salva del pecado, y tener a CRISTO es salvación del pecado.

9. ¡Oh, si pudiéramos entender bien esto! El ser salvo de pecado no es un evento ocasional, sino una bendición por medio de JESÚS, para nosotros y en nosotros.

10. Cuando JESÚS me llena, cuando JESÚS es todo para mí, el pecado no tiene más agarre en mí. "Todo el que permanece en Él, no peca".

Sí, el pecado es expulsado y mantenido fuera sólo a través de la presencia de JESÚS. Es CRISTO, al darse a Si Mismo y al vivir en mi, que me salva del pecado.

Precioso Señor, que tu luz fluya sobre mí. Que se vuelva más y más claro a mí alma que Tú Mismo eres mi salvación. Tenerte conmigo, en mi -esto mantiene lejos el pecado. Enséñame a traerte cada pecado a Ti. Que cada pecado me lleve a una mayor alianza Contigo. Entonces Tu Nombre será realmente mi salvación de pecado. Amén.

Una Revelación Personal de Jesucristo - Andrew Murray

Una Revelación Personal de Jesucristo - Andrew Murray


Mis amigos, nuestro trabajo misionero debe ser algo muy diferente de lo que es en el presente. Podrías estar alabando a Dios por la manera en que Él ha despertado un interés por las misiones en los últimos años, y yo alabo a Dios contigo. Pero debemos tener cuidado de que esta alabanza no se vuelva una felicitación a uno mismo. Tenemos que reflexionar en cuán poco estamos haciendo con respecto a lo que realmente es necesario y con lo que Cristo quiere. ¿Están listos? ¿Creen que el Señor los equipará para hacer todo lo que Él pide de ustedes? Necesitamos sólo una cosa-un contacto personal con Jesús, una revelación personal de Aquel que fue glorificado.

(Extractos de "Consecrated to God" por Andrew Murray, pag. 24).

viernes, 14 de septiembre de 2018

COMUNIÓN con CRISTO - Arthur W. Pink

COMUNIÓN con CRISTO - Arthur W. Pink



"Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros."-1 Pedro 5:7


Esto significa simplemente lo que dice. Lector cristiano, no debe haber restricción entre tú y el Amante de tu alma. A El le gustaría que tú tengas, y mantengas, una intimidad más íntima consigo mismo que con cualquier otra criatura humana. El siempre es accesible, y nunca cambia Su sentir hacia ti.
A El le gustaría que lo hagas tu "Amigo": no solo tu Consejero,sino tu Confidente-el Único en cuyos oídos (y sólo Él) has de poner los mismísimos secretos de tu corazón.
A Él le gustaría que seas natural y simple, tal como un pequeñito yendo a su madre, echando sobre su oído su pequeña aflicción, problema y decepción. Cuando eres atacado por cualquier problema del alma, tal como un corazón frío hacia Él o estar inquieto por tu falta de fe, o porque tus pensamientos se distraen a menudo cuando tratas de meditar en las cosas Divinas, o en tus oraciones-ve a Él, cuéntale todo acerca de ello, deposita en Él tu carga: Echa toda tu ansiedad sobre Él, no reteniendo nada.
Cuando algo te ha irritado, cuando algo haya alterado tu compostura mental y la paz de tu alma; cuando alguien haya dicho o hecho algo que causó que el resentimiento aparezca en ti, y encuentras dificultad para perdonar; ve y cuéntale al Señor Jesús: confiésale que esto no debería ser así, que estás avergonzado de ti mismo, y pídele que ponga sobre Ti su mano tranquilizadora, y que te dé un espíritu perdonador.
O suponte que algo en los arreglos del hogar ha salido mal, algo que no puedes corregir, quizás el repartidor de leche o el panadero llegaron tarde, o el horno no cocina como quieres, y te alteras; ve a Él, dile sobre ello; echa esta "ansiedad" sobre Él. Nunca podrás fatigar al Señor.
Es el santo privilegio del cristiano cultivar una conversación muy familiar con Cristo. Nada lo honra mas, nada le deleita más, porque es darle Su verdadero lugar en tu vida diaria. La "vida cristiana" no es la cosa ambigua y mística que los incrédulos estiman que es, y que algunos predicadores han hecho pensar a las personas que es. No, es una cosa intensamente bendita y práctica.
Es el orgullo (bastante insospechado) que impide a tantos mantener esta simple e infantil comunión y conversación con Cristo. La gente está preparada para llamarlo cuando algo grande (como lo estiman ellos) los confronta, cuando una necesidad realmente urgente aparece; pero intentan cargar y resolver las pequeñas cosas por sí mismos. Sin embargo, la Palabra de Dios dice: "EN TODO, mediante oración y súplica... sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios". (Filipenses 4:6)
Anteriormente, hemos dicho que es el "orgullo" es lo que impide que el cristiano eche toda (cada una) de sus inquietudes a Cristo. La prueba de esto está sugerida en el versículo que precede inmediatamente (a 1 Pedro 5:7): porque en él leemos, "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo". Es una cosa humillante para nuestra carne altiva, nuestra auto-dependencia, nuestro orgulloso razonamiento, sentir la verdad de las Palabras de Cristo que dicen: "separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5)-que sea aceptable a Dios.
Pero es una cosa feliz para el corazón cuando somos llevados al lugar de consciente dependencia completa del Señor por todo. Ese es el lugar de reposo, alegría y victoria.
Que el Señor quiera dar Su bendición a este pequeño texto.

Génesis 21. La Biblia y la Risa.

  Génesis 21. La Biblia y la Risa. En el capítulo 18 el Señor promete el nacimiento de "Él ríe" o "Risas", es decir, Isa...