George Müller. Predicador y misionero inglés nacido en Prusia, destacado por su fe en la providencia de Dios y por su obra en favor de los niños desamparados a través de hogares que les servían como albergues, donde los mismos recibían buena educación, vestido y alimentación.
"He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Hay una gran necesidad de que entendamos claramente la obra del Señor Jesucristo en tres aspectos: Su obra por nosotros, Su obra en nosotros y Su obra con nosotros. Si estos son confundidos se despertará una gran dificultad espiritual en los hijos de Dios, y con frecuencia una angustia en la mente. Por ejemplo, si no vemos claramente Su obra por nosotros, de la cual depende la entera salvación de nuestra alma, al ver Su obra en nosotros hallaremos que tendremos necesidad de paz y alegría en el Espíritu Santo. Su obra en nosotros es de máxima importancia, pero no para salvación; es la forma en la que glorificamos a Dios después de creer. Si deseamos verdadera paz de alma esto tiene que quedar claro. Todos nuestros pecados han sido expiados por la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz. Él sufrió en nuestro lugar. Que esto quede claro. Soy un pecador que no merece nada sino la muerte. No tengo ni una partícula de justicia en mí. Confiar en nuestra propia bondad y nuestros propios méritos es la mayor torpeza, que si persevera hasta el final de nuestra vida no hay nada después de nosotros sino el perderse, finalmente perderse.
Debo perecer si voy ante el Juez Santo y Perfecto rechazando la salvación por Cristo. Hay muchos que no ven esto claramente. Ellos dicen: "Tengo tan poco amor por mi Padre Celestial, por las Escrituras, por los hijos de Dios", olvidando que no somos recibidos en el Cielo en base a esto. Estas cosas deben estar presentes ciertamente, pero de lo único que depende nuestra salvación es de la obra de Cristo. El mayor vil y miserable debajo del cielo puede volverse un hijo de Dios en perfecta simpatía ante Él. ¿Está claro este asunto? ¿Miro solamente a la obra de Cristo para la salvación de mi alma? Si mezclo en este tema la menor partícula de mi propia dignidad, habrá intranquilidad. Desde el primer momento de la vida espiritual hasta el último que respiro en la tierra, no debe ser nada sino sólo Jesús, Jesús, Jesús. Entonces mi corazón estará lleno de gratitud a mi Padre Celestial, y mi fortaleza espiritual y odio al pecado y amor a la santidad crecerá continuamente a una proporción cada vez más grande.
Pero mientras digo esto, ¿de alguna manera menciono que no hay ninguna búsqueda de santidad, ningún caminar con Dios, ninguna búsqueda de conformidad a Cristo? En absoluto. Cuanto más vemos la necesidad de un Salvador, más nuestros corazones serán constreñidos por la gratitud y el amor a trabajar para Él. Éste es Su obrar por Su Espíritu Santo, conduciéndonos a la santidad, para dominar la naturaleza corrupta y malvada dentro de nosotros, con la que luchan los hijos de luz (1 Tesalonicenses 5 v5). Hay dos obras primordiales: la obra que es para nosotros en lo que atañe a nuestra salvación, y la obra que es en nosotros que atañe a nuestra glorificación a Dios y a tener paz y alegría en el Espíritu Santo.
Pero hay un tercer punto en el que me gustaría permanecer en meditación en esta noche: la obra del Señor Jesucristo con nosotros. "He aquí yo estoy con vosotros todos los días". Todo tiempo, todos los días, todo el día, desde el primer momento al último, Cristo estará con nosotros. Nuestros padres nos pueden ser quitados, nuestros niños nos pueden ser quitados, al igual que los buenos consejeros, los mejores amigos y consejeros que tenemos en esta tierra nos pueden ser quitados, pero el precioso Señor Jesucristo siempre permanece con nosotros. Descanso en esto y lo creo. Hermanos y hermanas, ¿ustedes descansan en esto y lo creen? En la proporción en que descansemos en esto diremos: "¡Todo está bien!" con respecto a la preciosa posición de los hijos de Dios.
Llegamos al asunto de la muerte. Tenemos que partir, ¿pero partir a dónde? ¿A dónde? A la perdición, si partimos de este mundo sin Cristo. Conocí a un caballero que estaba en su juventud, que antes de tener 25 años compró tres propiedades inmensas, de más de 700.000 libras esterlinas, y en lugar de ser feliz era una persona miserable. Al final tenía para vivir una pequeña propiedad, dejada a él por su madre, pero luego encontró a Cristo y fue feliz. Es mi anhelo ferviente que ningún compañero pecador vaya al infierno. Si hubiera muerto hace 61 años y 8 meses atrás, estaría perdido, pero yendo al Señor Jesús he sido feliz desde ese entonces. Condénense a sí mismos, pongan toda su confianza en el Señor Jesucristo y sus pecados innumerables serán perdonados.
Tengo a Cristo como mi Amigo, Ayudador, Maestro, quién Él mismo declara que estará conmigo "siempre"; "todos los días". Luego, especialmente acompañemos todo esto con que nuestro Señor Jesucristo declara que nos ama como el Padre lo ama (Juan 15:9). ¿Cuál es el amor del Padre? Es el amor infinito: no puede ir más profundo, es inalterable. ¡Piensen en esto! Tal es el amor de nuestro Señor Jesucristo no meramente para Juan, Felipe, Andrés, Pablo, sino para personas débiles como ustedes y como yo. Pero ahora, hermanos y hermanas, ¿lo creen? Si es así deben estar rebosantes de alegría. "Soy su hijo querido" cada creyente debería decir.
Su amor nunca se altera, el nuestro: ¡Ay, lo hace! Pero el Suyo siempre es igual. Cree y echa mano de esto y serás un hombre feliz y una mujer feliz hasta el fin de tu vida. Él desea que Sus hijos sean felices, no quiere que sean malhumorados y estén tristes. Ser así es una ofensa para Él. ¿Qué? ¿Un cristiano triste? Si nuestros corazones entraran en esta verdad no podríamos evitar ser felices. Si amamos a alguien es nuestra alegría y nuestro deleite estar con él. No lo dejamos ni le damos la espalda. Así es con Aquel que nos amó y dio Su vida por nosotros. Él está con nosotros para fortalecernos y ayudarnos, para hacernos bien continuamente.
Debemos mantener ante nosotros todo lo que la Biblia enseña de nuestra relación con Él. Cabeza y miembros, Esposo y esposa. En la unidad más cercana estamos con el Señor Jesucristo. ¿Cómo es que no puede estar con nosotros para ayudarnos y hacernos bien en todo tiempo?
Probemos esto con una ilustración. Una de las mayores cargas del hijo de Dios es el conflicto espiritual dentro suyo. Su objetivo especial es volverse más y más celestial en su mente, estar más muerto al mundo y más conformado a Cristo. Si estas cosas están ausentes, si no hay deseo manifestado por una santidad interior, entonces ¡hay una necesidad lamentable de revisar si el individuo ha nacido de nuevo! "Las cosas secretas pertenecen a Jehová" (Deuteronomio 29:29). No podemos ver el corazón, no lo sabemos pero si cualquiera sigue su camino satisfecho con ser tal como era antes, y ningún cambio se manifiesta, tiene que probar que él está redimido. El hijo redimido se apena que no es más como Cristo, que no lleva más fruto para la gloria de Dios. Ahora, esta guerra no producimos nuestros propios cambios. El Gran Capitán de los ejércitos Divinos va con nosotros: Jehová. Jesús está de nuestro lado peleando con nosotros, y así como Él venció también venceremos nosotros. Oh, ¡la bendición de esta verdad! ¡Nuestro Señor Jesucristo está con nosotros en nuestra lucha contra el mundo, la carne y el diablo! Pero, ¿hacemos uso de Su presencia como deberíamos? ¿Decimos, "ah, precioso Señor Jesús, seré vencido si peleo solo, pero sé que Tú estarás conmigo. ¡Ayúdame! ¡Ayúdame!". Así, apropiándonos de nuestra perfecta debilidad y Su perfecto poder veremos a nuestros enemigos caer ante nosotros y en Él obtendremos la victoria.
De nuevo, en nuestro trabajo y servicio al Señor podemos predicar, dar tratados y Biblias, visitar de casa en casa al enfermo y al sano, al rico y al pobre. Si somos dejados a nuestra propia competencia será todo inútil, incluso si viajamos miles de millas. Pero el Señor Jesús está con nosotros para ser usado. Ejercitemos fe en Su voluntad para ayudar. Oh, hagamos confesión de nuestra perfecta debilidad, pero también de Su perfecto poder y, ¿cuál será el resultado? ¡La debilidad perfecta con frecuencia hace maravillas a través de Él! Este es un consuelo para el alma del pobre hijo de Dios que busca enseñar los domingos o enseñar en escuelas harapientas, visitar, actuar como mujeres bíblicas, predicar en habitaciones, pasillos, pueblos, entre otros lugares.
Un consuelo especial viene con este conocimiento.
Luego de nuevo, al leer las Escrituras nos encontramos con algunos pasajes difíciles, aunque tengamos una versión buena de la Biblia y quizás algún conocimiento del idioma original; todas estas ayudas son en vano a menos que Cristo esté con nosotros. Debemos leer como si estuviera sentado en una silla al lado nuestro, mirándonos, y debemos apuntar nuestro dedo donde corresponde al versículo y decirle a Él: "Señor, ayúdame; no puedo entenderlo". Días, meses, años incluso pueden pasar, pero si con paciencia y humildad buscamos la ayuda, ésta llegará al final. Cuán reconfortante es esto.
Y aún más con respecto a los asuntos de esta vida: Tenemos hijos y estamos buscando llevarlos al temor del Señor. No tenemos sabiduría en nosotros y déjame recordarte con afecto, querido hermano o hermana, si piensas arreglar esto con tu propia sabiduría, no podrás. Ve al Señor Jesucristo; pídele en Su piedad y compasión que sea tu ayuda.
Uno de Sus oficios es sustentar a la Iglesia con Su propio conocimiento de la vida, así que con humildad de alma ve a Él, al mejor de los Consejeros. Así que, si deseas administrar algo, ve a Jesús. Él está contigo. Sólo ten presente Su amor, y verás qué bendición es en todo. En todos los asuntos pequeños de la vida ve a Jesús. No lleves nada adelante confiando en ti. Abandona todo esto y echa mano de Su sabiduría y amor infinito. y pruébalos.
Recuerda especialmente que esta vida está hecha de pequeños desafíos, pequeñas dificultades, pequeñas cargas y afanes. Si tratas de llevar esto con tus fuerzas, será algo deplorable. Querrás quitártelo de encima pronto. Esto lo sé, y por eso soy un hombre feliz. Si tratase de llevar aunque sea el uno por ciento de mis problemas seria miserable. He tenido continuamente mayores y menores problemas, aún así soy feliz, muy feliz. Le pido a Dios, a pesar de tener casi 82 años de vida, que me dé el gran honor y deleite de vivir para trabajar para Él. La vida no es una carga para mí, pero el secreto de esto es que miro a mi precioso Señor Jesús y le pido que lleve mis cargas por mí; y si alguien no ha hecho esto aún, ¡que comience a hacerlo en esta noche! Y la vida no será una carga molesta; no dirá como muchos dicen: "Oh, me gustaría llegar pronto al fin y morir". No recuerdo que haya dicho eso alguna vez desde mi conversión. Y el Señor Jesús es una ayuda dispuesta no para uno solo, sino para todos. Él ama a los cristianos más débiles.
Me veo a mí como un pecador merecedor del infierno, indigno y miserable, y sé que que con todo esto soy amado como un hijo querido, por causa de Cristo.
Una palabra más. La Segunda Venida de Cristo es la Esperanza de la Iglesia y está para ser mantenida delante de nosotros como tal, pero supongamos que si su Regreso se demorase, todos iremos a dormir. Con este mundo miserable todo se habrá terminado. No habrá más adquisición de riquezas, no más disfrute de placeres, ni un grano de oro más podrá ser quitado; todo esto habrá quedado atrás. Pero, ¡cuán diferente es esto con el hijo de Dios! Siendo cada vez más y más débil, el pulso difícilmente siendo sentido, el corazón y la carne desfalleciendo, ¿qué importa? ¡Cristo está con nosotros! David, que no poseía la completa voluntad revelada de Dios como nosotros la tenemos, podía decir esto (en sus palabras podemos ver nuestro texto), llevado al valle de sombra de muerte: El dice, "Tu estás conmigo", no "Tú me has abandonado". Vean qué cosas preciosas le pertenecen al hijo de Dios; cómo él es llevado a más y más bendición por medio de la obra preciosa de nuestro Señor Jesucristo, siendo cada uno de nosotros más y más santos, más y más útiles en el servicio.
Que Dios conceda que así sea con todos aquí presentes, por amor de Cristo.
-George Müller.
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